Era la cuarta de los catorce hijos de la familia de Justo
Gómez Mallo (Comisario de Aduanas) mi padre y María del Pilar González Lorenzo
mi madre. El escultor Cristino Mallo fue uno de mis hermanos y ambos usamos el
segundo nombre de nuestro padre como nombre artístico.
Debido al trabajo de mi padre nos mudábamos frecuentemente,
por lo que tras el nacimiento de mi hermano menor la familia se trasladó a
Avilés y vivimos allí desde 1913 hasta 1922. Así, yo comencé a estudiar de
forma privada en la Escuela de Arte y Diseño. Allí entable amistad con el
artista avileño Luis Bayón.
Con veinte años, y en un nuevo traslado de la familia a
Madrid, entre a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
donde estuve hasta 1926.
En Madrid mantuve un romance con Emilio Aladrén y me relacione con artistas, escritores y
cineastas de la Generación del 27 como Concha Méndez, Salvador Dalí, Ernesto Giménez Caballero,
Gregorio Prieto, Federico García Lorca...
Esto dio lugar a la denominación de varias de nosotras como
Las Sinsombrero; "Un buen
día, las jóvenes intelectuales (yo
incluida) escandalizamos la sociedad, porque
se nos ocurrió quitarnos el sombrero y al atravesar la Puerta del Sol
nos apedrearon, insultándonos como si hubiésemos hecho un descubrimiento como
Copérnico pero no de una forma afable,
sino como si fuese un acto de rebeldía."
Durante mi vida, trabajé
para numerosas publicaciones literarias como la Revista de Occidente, La
Gaceta Literaria o el Almanaque Literario, y realice portadas de varios libros.
Tras más de dos décadas, volví a Madrid, en verdad no sabía bien por qué había vuelto si todos mis amigos estaban “en el exilio o bajo tierra”.
Además, temía que Franco se acordara de mi, al haber sido una fiel representante de la República, pero al llegar advertí que no solo el dictador me había olvidado sino también todo el país.

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